¿Alguna vez has conocido a alguien que parece estar siempre en el lugar indicado y en el momento perfecto? Personas a las que las oportunidades simplemente les “caen del cielo”, que encuentran trabajos increíbles, relaciones satisfactorias o incluso ganan sorteos sin esforzarse demasiado. ¿Es realmente suerte? ¿O hay algo más detrás?
La ciencia dice que no es magia ni destino, sino un conjunto de hábitos que cualquiera puede aprender. El psicólogo británico Richard Wiseman, autor del libro El factor suerte, dedicó más de una década a estudiar lo que distingue a las personas que se sienten suertudas de aquellas que creen que nada les sale bien. Sus resultados son claros: la suerte se entrena.
A continuación, te presento —de forma clara y práctica— los cuatro hábitos que comparten quienes parecen tener la vida de su lado.
1. Mantienen la mente abierta y buscan conexiones
El primer hábito que Wiseman encontró fue la apertura. Las personas exitosas y “suertudas” no se cierran en rutinas rígidas ni viven en una burbuja. Todo lo contrario:
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Conversan con desconocidos.
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Se atreven a cambiar la ruta habitual.
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Aceptan invitaciones, incluso cuando no tienen muchas ganas.
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Prueban cosas nuevas sin miedo a equivocarse.
Este estilo de vida amplía sus posibilidades. Cada interacción puede convertirse en una oportunidad laboral, una amistad o una idea valiosa.
Quienes creen tener mala suerte suelen actuar al revés: se aíslan, repiten los mismos hábitos y solo ven lo que esperan ver. Así, las oportunidades pasan frente a ellos… y ni cuenta se dan.
2. Escuchan su intuición y toman decisiones a tiempo
El segundo rasgo de los “suertudos” es que confían en su intuición. No esperan tener toda la información del mundo para actuar. Hay momentos en los que, incluso sin un análisis completo, “algo” nos indica qué camino tomar.
Según Wiseman, ese “algo” no es magia:
Es la suma de experiencias, aprendizajes e información acumulada que el cerebro procesa sin que lo notemos.
Las personas con mala suerte suelen hacer lo contrario: dudan, posponen decisiones y buscan más y más datos hasta que la oportunidad desaparece.
La intuición no reemplaza la lógica, pero sí la complementa. Y quienes la escuchan, avanzan más rápido.
3. Esperan lo mejor y actúan en consonancia
El tercer hábito clave es el optimismo realista. Quien cree que le irá bien, actúa con más energía, seguridad y claridad. Esa actitud mejora el desempeño y, por consecuencia, los resultados.
En cambio, alguien que anticipa el fracaso:
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Entra nervioso a una entrevista.
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Se muestra inseguro en reuniones.
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Se rinde más fácilmente.
El pesimismo funciona como un filtro que solo deja pasar lo negativo. El optimismo es lo opuesto: abre puertas porque impulsa comportamientos que favorecen el éxito. No es un pensamiento mágico, sino una forma de actuar.
4. Transforman lo malo en aprendizaje
La resiliencia es el cuarto punto en común entre quienes parecen tener suerte. No se quedan atrapados en el problema. Reencuadran la situación y buscan la parte útil de cada dificultad.
Por ejemplo:
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Si pierden un vuelo, aprovechan para conocer a alguien interesante.
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Si un negocio falla, lo ven como una inversión en experiencia.
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Si viven un accidente, agradecen estar vivos.
Los pesimistas, en cambio, se enfocan solo en la pérdida y se hunden en la queja.
La diferencia no está en lo que ocurre, sino en cómo respondes.
Entonces… ¿la suerte es real o no?
Tras años de investigación, Wiseman concluyó que la suerte no depende de amuletos, rituales ni supersticiones.
De hecho, las personas que más creen en la superstición suelen sentir que tienen peor suerte, porque delegan su poder a fuerzas externas.
La suerte, en cambio, se construye con:
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Apertura mental
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Intuición entrenada
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Optimismo activo
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Resiliencia
Quien los aplica, multiplica sus oportunidades. Quien no, suele sentir que la vida lo arrastra.
Consejos y recomendaciones para crear tu propia suerte
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Sal de la rutina al menos una vez por semana.
Prueba un platillo nuevo, cambia de ruta o acepta una invitación inesperada. -
Habla con más personas.
Inicia pequeñas conversaciones en el supermercado, el transporte o reuniones. No busques nada; solo practica la apertura. -
Entrena tu intuición.
Antes de decidir, pregúntate: “¿Qué siento realmente?” y aprende a reconocer ese mensaje interno. -
Practica el optimismo realista.
No ignores los problemas, pero enfócate en lo que sí puedes mejorar. -
Reencuadra cada dificultad.
Pregunta: “¿Qué puedo aprender de esto? ¿Qué puerta se abre ahora que esta se cerró?” -
Evita las supersticiones.
No delegues tu vida a objetos o rituales. La suerte se construye, no se invoca. -
Rodéate de gente activa y positiva.
La actitud se contagia. Mantente cerca de quienes avanzan en la vida.