Pensó que su esposa lo engañaba, pero el final fue aún más inesperado

Un hombre necesitaba hablar urgentemente con su esposa para preguntarle algo importante. Como estaba fuera de casa, tomó su teléfono y marcó el número de su hogar.

Después de unos segundos, alguien respondió.

—¿Hola?

Era la voz de una niña pequeña.

—Hola, princesa —dijo él—. Habla papá. ¿Puedes pasarme con mamá?

La niña respondió:

—No puedo, papi. Está arriba en su habitación con el tío David.

El hombre frunció el ceño.

—¿Con quién?

—Con el tío David.

Aquello le pareció muy extraño.

No conocía a ningún David cercano a la familia, y mucho menos a alguien a quien su hija pudiera llamar «tío».

—Cariño, creo que te confundiste. Nosotros no tenemos un tío David.

—Sí tenemos. Está arriba con mamá.

El hombre comenzó a sentirse incómodo.

¿Quién era ese tal David?

Intentando averiguar más sin sacar conclusiones apresuradas, tuvo una idea.

—Está bien, mi amor. Quiero que hagas algo por mí.

—¿Qué cosa?

—Deja el teléfono sobre la mesa, sube a la habitación y diles a mamá y al tío David que papá acaba de llegar y que está entrando el auto al garaje.

—¡Está bien!

La niña dejó el teléfono y salió corriendo.

Durante unos segundos el hombre escuchó pasos lejanos.

Luego ruidos.

Una puerta abriéndose.

Y de repente mucho movimiento por toda la casa.

Finalmente la pequeña regresó.

—Ya hice lo que me dijiste, papi.

—¿Y qué pasó?

—Mamá empezó a gritar.

—¿Gritar?

—Sí. Se puso muy nerviosa y empezó a correr por toda la casa buscando las llaves del auto.

—¿Y David?

—Él también se puso nervioso.

—¿Qué hizo?

—Salió corriendo por la puerta de atrás, intentó esconderse en el patio y terminó cayéndose dentro de la piscina.

El hombre abrió los ojos.

—¿Y está bien?

—Sí, pero salió empapado y muy enojado porque el agua estaba congelada.

El hombre no sabía qué pensar.

—¿Y después?

—Mamá lo ayudó a salir, los dos discutieron un rato y luego se encerraron en la cocina.

Se hizo un largo silencio.

Finalmente el hombre preguntó:

—Espera un momento… ¿ustedes tienen piscina?

—Claro que sí.

El hombre miró la pantalla de su teléfono.

Volvió a revisar el número.

Y entonces preguntó lentamente:

—Disculpa… ¿este es el 01-99-74-12-33?

—No.

Hubo una pausa incómoda.

—Entonces creo que marqué el número equivocado.

La niña también guardó silencio unos segundos.

Luego preguntó:

—¿Entonces usted no es mi papá?

—No.

—Ah…

Otra pausa.

—Bueno… ¿y ahora quién le va a explicar a mamá por qué salió corriendo a esconder al tío David?

Y el hombre colgó inmediatamente.

Aviso: Esta es una historia humorística de ficción creada únicamente con fines de entretenimiento. Los personajes y situaciones son imaginarios y cualquier parecido con hechos o personas reales es pura coincidencia.