Mundial 2026: los desafíos del nuevo formato de 48 selecciones y las críticas que enfrenta la FIFA

La Copa Mundial de la FIFA 2026 ya genera enormes expectativas, pero también una creciente lista de inquietudes. Por primera vez, el torneo será organizado por tres países —Estados Unidos, México y Canadá— y contará con 48 selecciones en lugar de las 32 tradicionales. Esto se traduce en 104 partidos, un récord absoluto, y en una estructura logística que muchos consideran excesivamente compleja. La pregunta que recorre a los aficionados es si este nuevo modelo elevará al fútbol a su mejor versión o si terminará diluyendo la esencia del torneo más importante del planeta.

Un formato más grande, pero también más cuestionado

El cambio de 32 a 48 selecciones implica una transformación profunda en la dinámica del Mundial. Habrá 12 grupos de cuatro equipos, y se clasificarán a la siguiente fase los dos primeros de cada grupo más los ocho mejores terceros. Esto significa que se incorpora una nueva ronda eliminatoria —los dieciseisavos de final— antes de los octavos.

Si bien la ampliación permite que más países accedan a la cita mundialista, los críticos señalan varios problemas:

  • Menor competitividad en la fase de grupos: al clasificar tantos equipos, los partidos iniciales podrían perder intensidad.
  • Diferencias de nivel más marcadas: con más selecciones debutantes, podrían darse resultados desequilibrados en las primeras rondas.
  • Un torneo más largo y desgastante: los equipos que lleguen a la final disputarán ocho partidos en lugar de siete.

Distancias enormes entre las sedes

Uno de los puntos más cuestionados es la geografía del torneo. Las sedes están distribuidas en 16 ciudades de tres países, lo que obligará a aficionados, jugadores y cuerpos técnicos a recorrer miles de kilómetros entre partidos. Las distancias entre algunas ciudades estadounidenses, como Seattle y Miami, superan los 4.000 kilómetros, lo que complica la planificación de viajes y puede afectar el rendimiento deportivo.

Para los hinchas que sigan a su selección, esto se traduce en costos de transporte, alojamiento y alimentación significativamente mayores que en mundiales anteriores. Incluso con la posibilidad de presenciar partidos en tres países distintos, los trámites de visado y los traslados internacionales pueden convertirse en un obstáculo importante.

Precios de entradas en niveles récord

Otro de los focos de controversia es el costo de las entradas. Las primeras estimaciones indican que los precios oficiales serán los más altos en la historia de los mundiales. Esto, sumado al gasto en hoteles, vuelos y comidas en ciudades como Nueva York, Los Ángeles o Toronto, podría dejar fuera a una parte importante del público tradicional del fútbol.

Las críticas apuntan a que la FIFA estaría priorizando el negocio sobre la accesibilidad, alejando al aficionado promedio en favor de un público corporativo y de turismo de alto poder adquisitivo.

El factor climático: calor extremo en junio y julio

El verano boreal en gran parte de Estados Unidos y México implica temperaturas elevadas, especialmente en ciudades como Dallas, Houston, Monterrey o Miami, donde el termómetro puede superar los 35 °C con altos niveles de humedad. Las consecuencias podrían ser:

  • Riesgos para la salud de los jugadores: deshidratación, fatiga y mayor riesgo de lesiones.
  • Partidos a ritmo más lento: el calor podría obligar a más pausas de hidratación y reducir la intensidad del juego.
  • Incomodidad para los aficionados: tanto en los estadios como en los traslados.

Algunos estadios cuentan con techos retráctiles y sistemas de climatización, pero no todos, lo que generará condiciones desiguales entre sedes.

Una FIFA cada vez más enfocada en el negocio

Más allá de los aspectos deportivos y logísticos, una crítica recurrente apunta al rumbo institucional de la FIFA. La expansión del Mundial, la creación de nuevos torneos como el Mundial de Clubes ampliado y los acuerdos comerciales millonarios refuerzan la percepción de que el organismo prioriza los ingresos por encima de la experiencia futbolística.

Esto se refleja en decisiones como:

  • Calendarios cada vez más cargados para los futbolistas.
  • Acuerdos con patrocinadores que dominan la imagen del torneo.
  • Una distribución de sedes que parece responder más a intereses comerciales que deportivos.

¿Fracaso anunciado o nueva era del fútbol?

A pesar de las críticas, el Mundial 2026 también ofrece oportunidades únicas. La participación de más selecciones permitirá que países sin tradición mundialista vivan la experiencia, los ingresos podrían reinvertirse en el desarrollo del fútbol global y la organización conjunta entre tres naciones representa un hito histórico.

El éxito o el fracaso dependerá de cómo la FIFA y las federaciones locales gestionen los desafíos logísticos, climáticos y económicos. Si logran equilibrar el negocio con la pasión del aficionado, el Mundial 2026 podría convertirse en un punto de inflexión positivo. De lo contrario, quedará en la memoria como un torneo recordado más por sus polémicas que por su fútbol.