Vivió hasta los 117 años y reveló qué comía todos los días: la historia de la mujer más longeva del mundo

¿Y si la clave de una vida larga no tuviera nada que ver con superalimentos de moda ni con dietas estrictas? Emma Morano, una mujer italiana nacida en 1899, vivió hasta los 117 años y llegó a ser reconocida como la persona más longeva del mundo. Cuando le preguntaban su secreto, su respuesta sorprendía a todos: nada de batidos verdes, ni ayuno intermitente, ni gimnasio. Solo una rutina simple, repetida durante casi un siglo, y un carácter fuera de lo común.

El mismo plato durante cien años

Se podría esperar una dieta sofisticada, pero Emma comió prácticamente lo mismo durante décadas, siguiendo el consejo de un médico que la había tratado por anemia después de la Primera Guerra Mundial: tres huevos por día, dos al natural por la mañana y uno en tortilla al mediodía, y un poco de pollo por la noche. Casi nada de frutas ni verduras. Con los años, simplificó todavía más su comida, hasta quedarse con apenas dos huevos y algunas galletas.

Como pequeño ritual, se permitía cada noche un trago casero de grappa con hierbas, preparado según una vieja receta familiar. Los médicos actuales no recomiendan copiar esta dieta al pie de la letra, sobre todo por cuestiones de seguridad alimentaria, pero la historia de Emma invita a pensar distinto sobre qué significa envejecer bien.

Una mujer libre antes de que estuviera de moda

Lo que más llama la atención de su historia es su carácter. En 1938, en un pequeño pueblo italiano muy conservador, tomó una decisión que sacudió a todos: terminó una relación infeliz y recuperó su libertad, sola y sin miedo al qué dirán. Después vivió de forma completamente independiente, trabajando en una fábrica para sostenerse a sí misma.

Esa libertad interior, esa capacidad de elegir su propio camino a pesar de las presiones de la época, quizás haya sido uno de los ingredientes más importantes de su longevidad.

Genética, suerte y algo más

La familia de Emma tenía buenos genes de base: su madre vivió hasta los 91 años, y varias de sus hermanas también superaron el siglo de vida. Pero la genética no explica todo. Lo que terminó de construir su historia fue su actitud: una tenacidad tranquila para atravesar los golpes de la vida, incluida la pérdida de un hijo siendo muy joven, sin dejarse derrumbar por completo.

Cuando murió, en 2017, el Libro Guinness de los Récords la reconoció oficialmente como la persona más longeva del mundo y la última persona viva nacida en la década de 1890.

Su verdadero secreto quizás haya sido, simplemente, vivir siempre a su manera, día a día, hasta el final. Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta con un profesional de la salud.