No hay aroma que se compare al del pan recién horneado. Esta receta, transmitida de generación en generación, conserva el encanto de lo simple: harina, agua, levadura y amor. Es la misma que preparaban nuestras abuelas en casa, cuando el pan se hacía a mano, con paciencia y sin apuro.
El resultado es un pan suave, esponjoso y lleno de sabor, perfecto para acompañar el desayuno o una merienda en familia.
Ingredientes
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Levadura seca: 10 gramos (1 sobre)
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Agua tibia: 200 ml (1 vaso)
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Harina: 720 gramos (6 tazas) + 120 gramos (1 taza) para la mezcla inicial
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Sal: 10 gramos (1 cucharadita)
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Yema de huevo: 1
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Leche: 1 cucharada
Preparación paso a paso
1. Activar la levadura
En un recipiente grande, coloca la levadura seca junto con 200 ml de agua tibia (ni muy caliente ni fría, para no matar la levadura). Agrega 1 taza de harina (120 g) y mezcla bien hasta obtener una masa ligera.
Cubre el recipiente con un paño limpio y deja reposar durante 15 a 20 minutos, hasta que la mezcla empiece a burbujear. Este paso es fundamental para asegurar que la levadura esté activa.
2. Formar la masa
En un bol grande o sobre una superficie limpia, coloca las 6 tazas de harina (720 g) junto con la sal. Haz un hueco en el centro y vierte la mezcla de levadura.
Comienza a integrar con una cuchara o con las manos hasta formar una masa firme. Si es necesario, agrega un poco más de agua tibia, de a cucharadas, para lograr una textura suave pero no pegajosa.
3. Amasar con paciencia
Amasa durante 10 a 15 minutos, doblando la masa sobre sí misma y presionando con las palmas. Este proceso desarrolla el gluten, lo que hará que el pan quede esponjoso y con una miga perfecta.
Si la masa se pega demasiado, espolvorea un poco de harina, pero evita excederte para no endurecerla.
4. Primer levado
Forma una bola con la masa, colócala en un recipiente ligeramente enharinado y cúbrela con un paño húmedo.
Déjala reposar en un lugar cálido durante 1 hora y media, o hasta que duplique su tamaño. El secreto está en la paciencia: un buen levado mejora tanto el sabor como la textura.
5. Dar forma al pan
Cuando la masa haya crecido, desgasifícala suavemente (presiona con las manos para quitar el exceso de aire). Luego, dale la forma que prefieras: hogaza redonda, pan alargado o bollos individuales.
Coloca el pan sobre una bandeja para horno enharinada o con papel manteca.
6. Segundo levado
Cubre nuevamente y deja reposar por 30 minutos más. Este segundo levado dará ligereza al pan y una corteza más tierna.
7. Preparar el glaseado
Bate la yema de huevo con 1 cucharada de leche y pincela la superficie del pan. Esto le dará un color dorado y brillante al hornearse.
8. Hornear
Precalienta el horno a 180°C (350°F) y hornea durante 30 a 35 minutos, hasta que el pan esté dorado y suene hueco al golpear la base.
Déjalo enfriar sobre una rejilla antes de cortarlo, para que la miga termine de asentarse.
Consejos adicionales:
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Para un sabor más intenso: agrega una cucharadita de miel o azúcar al activar la levadura. Aporta un toque de dulzura y ayuda a la fermentación.
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Para una corteza crujiente: coloca un pequeño recipiente con agua en la base del horno durante los primeros 15 minutos de cocción.
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Si hace frío: puedes dejar levar la masa dentro del horno apagado con la luz encendida; así mantendrá la temperatura ideal.
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Para conservarlo: guarda el pan envuelto en un paño de lino o en una bolsa de papel. Se mantendrá fresco por más tiempo.