Te despiertas por la mañana y notas un hormigueo en las manos, como si «se hubieran dormido». A veces pasa en una sola mano, a veces en las dos, y suele desaparecer a los pocos minutos al moverlas o sacudirlas. Es una sensación muy común, sobre todo después de los 50 o 60 años, y casi siempre tiene explicaciones sencillas. Aun así, conviene saber cuáles son y en qué casos es importante consultar.
Qué es ese hormigueo
El hormigueo se llama parestesia. Aparece cuando un nervio recibe presión o cuando la circulación de una zona se reduce por un rato. Al cambiar de postura o mover la mano, el nervio y la sangre se «reactivan» y la sensación desaparece, a veces acompañada de un breve picor o cosquilleo.
Causas frecuentes (y generalmente inofensivas)
- Posturas al dormir: dormir con los brazos bajo la almohada, con las muñecas dobladas o con el codo flexionado mucho tiempo puede comprimir los nervios que van a la mano.
- Presión sobre el hombro o el cuello: dormir de lado sobre un brazo o con el cuello en mala posición puede irritar los nervios que salen de la columna.
- Circulación más lenta con la edad: con los años los vasos sanguíneos pierden elasticidad y las manos son más sensibles a los cambios de postura y temperatura.
- Rigidez matinal en las articulaciones: los dedos y las muñecas pueden amanecer más tiesos, sobre todo si hay desgaste articular.
Cuando se trata del túnel carpiano
Una de las causas más conocidas es el síndrome del túnel carpiano, que se produce cuando el nervio mediano queda comprimido a la altura de la muñeca. Suele provocar hormigueo en el pulgar, el índice, el medio y parte del anular, sobre todo de noche o al despertar, y a veces dolor o torpeza al sujetar objetos. Es más frecuente en personas que realizan movimientos repetitivos con las manos y en quienes tienen ciertas condiciones médicas. Se maneja bien, especialmente si se detecta temprano.
Otras causas que vale la pena conocer
- Problemas en el cuello (columna cervical): el desgaste de las vértebras puede presionar las raíces nerviosas y dar hormigueo en el brazo y la mano.
- Déficit de algunas vitaminas, como la B12, que es importante para el buen funcionamiento de los nervios.
- Alteraciones del azúcar en sangre: la diabetes mal controlada puede afectar los nervios periféricos.
- Problemas de tiroides u otras enfermedades que influyen en el funcionamiento de los nervios.
- Algunos medicamentos pueden causar hormigueo como efecto secundario.
Solo un profesional puede determinar cuál de estas causas es la tuya; no es recomendable sacar conclusiones por cuenta propia.
Qué puedes hacer en casa con seguridad
- Intenta dormir con las muñecas en posición neutra, sin doblarlas, y evita dormir con las manos bajo la cabeza.
- Usa una almohada que mantenga el cuello alineado, ni muy alta ni muy baja.
- Al despertar, mueve los dedos, abre y cierra las manos y estira suavemente los brazos para reactivar la circulación.
- Haz pausas si realizas trabajos repetitivos con las manos y alterna las tareas.
- Mantente activo: caminar y hacer ejercicio suave favorece la circulación.
- Cuida la alimentación y el control médico de tus niveles de azúcar y vitaminas.
- Algunas personas usan una férula de muñeca nocturna; consulta antes con tu médico o fisioterapeuta.
Cuándo conviene consultar con un médico
Pide una consulta sin demora si el hormigueo:
- aparece casi todas las mañanas o se vuelve cada vez más frecuente,
- no desaparece al mover las manos o se prolonga durante el día,
- se acompaña de debilidad, torpeza para sujetar objetos o dolor intenso,
- afecta siempre a un solo lado del cuerpo o aparece junto con otros síntomas.
Y busca atención de urgencia si el hormigueo viene con dificultad para hablar, caída de un lado de la cara, debilidad repentina en un brazo o una pierna, dolor en el pecho o mareo intenso, porque pueden ser señales de problemas que requieren atención inmediata.
En resumen
El hormigueo en las manos al despertar suele deberse a la postura al dormir o a una compresión pasajera de los nervios, y casi siempre se resuelve con pequeños cambios de hábitos. Pero si es frecuente o persistente, vale la pena que un profesional lo revise: detectar a tiempo la causa permite tratarla y evitar que el problema avance.
Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta con un profesional de la salud.