Hay chistes que se cuentan en las sobremesas, en los cumpleaños y en los grupos de familia, y que casi nunca fallan. Este pertenece a esa categoría: un clásico del humor de pareja que empieza con un malentendido y termina con una carcajada.
El chiste completo
Un hombre encuentra a su esposa mirando fijamente una fotografía antigua.
—¿Quién es ese hombre? —pregunta él.
—Alguien que conocí hace muchos años —responde ella.
—¿Fue tu novio?
—Algo parecido.
—¿Todavía piensas en él?
—Todos los días.
El esposo comienza a enfadarse.
—¡Entonces explícame por qué te casaste conmigo!
Ella le entrega la fotografía y responde:
—Mira bien. Es un muchacho flaco, con muchísimo pelo y sin una sola barriga. Eres tú, hace treinta años. Y todos los días me pregunto adónde se fue.
Por qué funciona
El chiste construye una pequeña tensión: cada respuesta de la esposa suena a confesión, y el lector (igual que el marido) se prepara para lo peor. Frases como «algo parecido» o «todos los días» están pensadas para alimentar la sospecha. Por eso, cuando llega el giro final, la risa es más fuerte: el rival que él imaginaba era, en realidad, su propia versión del pasado.
Además, el humor no hiere a nadie. La burla recae sobre el paso del tiempo, un tema con el que casi todos nos identificamos, y se resuelve con un guiño de cariño más que de reproche.
Un clásico para compartir
Los chistes de parejas que llevan muchos años juntos son un género muy querido porque hablan de lo cotidiano: las manías, los kilos de más, las canas, los olvidos. Se pueden contar en una reunión, enviar a un grupo de amigos o dedicar a quien uno sabe que se reirá más fuerte.
Si te hizo reír, compártelo con esa persona con la que llevas media vida. Quizá te conteste con otra foto vieja.