Ninguna lavadora dura para siempre. La calidad, el modelo y la instalación influyen mucho. Pero hay una parte del desgaste que depende de ti, y ahí es donde se ganan o se pierden años de vida útil. Estos son los siete hábitos que más suelen castigar a una lavadora, y cómo corregirlos.
1. Llenar el tambor hasta el borde
Meter la ropa hasta arriba parece una forma de ahorrar, pero obliga al motor y a los rodamientos a trabajar forzados. La ropa necesita espacio para caer y frotarse con el agua y el detergente. Una regla sencilla: si tienes que empujar para cerrar la puerta, es demasiado. Deja aproximadamente un palmo libre en la parte superior. Con prendas grandes, como una manta, no la aprietes: ve metiéndola siguiendo la forma del tambor, dando una vuelta, de manera que quede espacio en el centro.
2. Abusar del agua caliente
El calor es enemigo de las piezas electrónicas y de las gomas. Además, la mayor parte de la energía que gasta una lavadora se va en calentar el agua. La mayoría de los detergentes modernos funcionan bien a 30 o 40 grados. Reserva las temperaturas altas para casos concretos, como ropa de cama muy sucia o paños de cocina, y no las uses por costumbre.
3. Echar demasiado detergente
Más jabón no significa más limpieza. El exceso deja residuos en el tambor y en la goma de la puerta, genera espuma que dificulta el trabajo de la máquina y la ropa puede salir con sensación jabonosa. Sigue la dosis del fabricante y ajústala según la dureza del agua y lo sucia que esté la ropa. Si usas cápsulas, una por carga. Si ves espuma saliendo por el cajón o por la puerta, estás usando de más.
4. Usar siempre los programas rápidos
Son cómodos, pero tienen un precio: menos tiempo de lavado y de aclarado, por lo que el detergente se elimina peor y se acumula humedad en la goma. Para la mayoría de las cargas normales conviene el programa eco, y dejar el rápido para ocasiones puntuales. Piensa en un viaje en coche: ir mucho más rápido ahorra tiempo, pero gasta más combustible. Con la lavadora ocurre algo parecido con el consumo de agua y electricidad.
5. Descuidar el nivelado y lo que metes dentro
Si la lavadora está torcida y vibra al centrifugar, cada ciclo sacude los rodamientos y el tambor. Dos minutos con un nivel y un ajuste de las patas pueden alargar su vida. Revisa también lo que cargas: monedas, clips, cierres o toallitas húmedas pueden acabar en la bomba de desagüe o dañar el tambor. Y presta atención a los artículos muy pesados, como edredones y mantas gruesas: se empapan, superan el peso que el tambor tolera y el centrifugado sufre mucho.
Un caso aparte son las almohadas. Al empaparse, ganan mucho peso y, con cada vuelta, caen con fuerza dentro del tambor. Esos golpes repetidos pueden acabar descolgando el eje y el tambor. Si el fabricante de tu almohada no lo permite expresamente, mejor evitar lavarla en la máquina.
6. Maltratar la goma de la puerta
Es una de las piezas que más se rompen y casi nadie la cuida. Antes de cerrar, revisa los bolsillos: horquillas, botones o cremalleras pueden salir despedidos y clavarse en la goma. Cuida también que mangas, hilos, botones o cremalleras no queden atrapados entre el cristal y la goma, porque al girar el tambor pueden rajarla. Al sacar la ropa, no tires de una prenda enredada: levántala con las dos manos y sácala con calma. Si ves un corte o una grieta, no esperes, porque suele acabar en fugas de agua y moho.
7. Lavar zapatillas dentro del tambor
La respuesta corta es que mejor no. Los golpes constantes, el agua y el calor pueden despegar las suelas, y los cordones, hebillas y piezas metálicas pueden rayar la goma y el tambor. Además, un par de zapatillas desequilibra la carga y hace vibrar la máquina. El tacón golpeando una y otra vez puede incluso dañar las aletas de plástico del interior. Lo más seguro es lavarlas a mano con agua templada y jabón, y secarlas al aire, sin secadora ni radiador, que las deforman.
Resumen rápido para que te dure más
- No llenes el tambor hasta arriba: deja un palmo libre.
- Usa agua entre 30 y 40 grados salvo que sea imprescindible.
- Dosifica el detergente según el fabricante y la dureza del agua.
- Reserva los programas rápidos para casos puntuales.
- Nivela las patas y revisa lo que metes en el tambor.
- Cuida la goma: revisa bolsillos, cremalleras y botones.
- No laves zapatillas ni almohadas en la lavadora.
- Si tu agua es muy dura, usa un producto anticalcáreo.
Ninguno de estos cambios exige gastar dinero: solo constancia. Aplicarlos puede marcar la diferencia entre una máquina que falla a los siete años y otra que sigue funcionando después de los doce.