De estrella infantil a abogado top de Hollywood: la sorprendente vida de Jeff Cohen, el inolvidable «Chunk» de Los Goonies

Quienes crecieron en los años 80 seguramente recuerdan a Chunk: la camisa hawaiana, el legendario «Truffle Shuffle» y esa energía desbordante que convirtió a un niño rellenito en uno de los personajes más queridos del cine de aventuras. Pero lo que ocurrió con el actor detrás del ícono, Jeff Cohen, es quizás una de las historias más inesperadas y admirables que ha dado la industria del entretenimiento.

Los inicios de un niño estrella

Jeffrey Bertan McMahon nació el 25 de junio de 1974 en Los Ángeles. Cuando tenía siete u ocho años, sus padres se separaron, un momento que lo marcó profundamente. Poco después, adoptó el apellido «Cohen» como homenaje al apellido de soltera de su madre, Elaine, y con ese nombre comenzó a forjar su carrera artística.

Antes de saltar a la fama, ya había participado en televisión. Entre 1982 y 1983 apareció en el programa de concursos Child’s Play de la CBS, ayudando a explicar pistas a los participantes. En 1985 volvió a la pantalla chica como invitado juvenil en el show Body Language.

La consagración con Los Goonies

Fue con Los Goonies (1985), dirigida por Richard Donner y producida por Steven Spielberg, donde Cohen se ganó un lugar permanente en la cultura pop. Su interpretación del entrañable y torpe Chunk, junto con el inolvidable «Truffle Shuffle», se volvió un símbolo generacional.

Un detalle poco conocido del rodaje: Cohen estaba enfermo de varicela mientras filmaba. Temiendo que lo reemplazaran, ocultó su condición y siguió trabajando. Según los comentarios del DVD, los espectadores más atentos pueden incluso ver las marcas en su pecho durante la mítica escena del baile.

Sobre cómo consiguió el papel, Cohen bromeó alguna vez con el Daily Mail: «Básicamente había unos cuatro niños gorditos en toda la ciudad, así que cada vez que salía un papel para un niño gordito, veías a las mismas personas en las audiciones. Era la supervivencia del más gordo».

Cuando la pubertad cerró una puerta

Tras el éxito de Los Goonies, Cohen quería continuar actuando, pero su cuerpo cambió y con él, las oportunidades:

«Cuando llegué a la pubertad, fue el fin de mi carrera. Estaba transformándome de Chunk a galán, y ya no conseguía papeles», explicó. Y agregó una frase que conmovió a los fanáticos: «Yo no dejé la actuación. La actuación me dejó a mí».

Alejado de las cámaras, se enfocó en los estudios y el deporte. En la Universidad de Berkeley se unió al equipo de fútbol americano y llegó a ser el animador oficial del equipo, donde miles de estudiantes le pedían que hiciera el «Truffle Shuffle». Cedió solo una vez, y el estadio estalló.

El mentor que le cambió la vida

La relación con el director Richard Donner fue clave. Cuando Cohen le pidió una carta de recomendación para la universidad, Donner no solo la escribió: conmovido por sus circunstancias personales, pagó toda su educación universitaria y lo ayudó a conseguir trabajos detrás de cámaras en los estudios.

Donner le dijo con dureza cariñosa: «¿Qué querés hacer?». «Quiero ser actor», respondió Jeff. «Eso es una tontería. No vas a ser actor. Tenés que aprender del negocio». Y Jeff hizo caso: obtuvo un título en administración en Berkeley y luego se graduó como abogado en UCLA.

Un giro poético: de Chunk a abogado estrella

Cohen no se convirtió en un abogado cualquiera: es hoy uno de los abogados de entretenimiento más reconocidos de Hollywood. Cofundó el estudio Cohen & Gardner LLP, apareció en la lista de Dealmakers de Variety y en la de Next Gen Executives de The Hollywood Reporter.

Su oficina es un santuario a su pasado. Tiene un póster de E.T. firmado por Spielberg: «Para Jeff (Chunk) Cohen, sos mi Goonie favorito», y otro de Superman dedicado por Donner: «Amigo mío, con vos cualquiera puede volar».

«A mis clientes les encanta el hecho de que su abogado sea Chunk. Lo disfrutan», contó divertido.

Un cierre lleno de simbolismo

El giro más poético llegó cuando Cohen negoció el contrato de su «hermano Goonie» Ke Huy Quan para Everything Everywhere All at Once, el papel que le valió al actor el Oscar. Al recibir el premio, Quan lo agradeció públicamente: «Mi hermano Goonie para siempre».

Un legado que trasciende

Hoy, con 51 años, Jeff Cohen ya no se parece al niño de la camisa hawaiana, y admite que no haría el «Truffle Shuffle» sin «tres martinis» y una iluminación cuidadosa. Pero está profundamente orgulloso del camino recorrido.

«Me parece una locura. Lo disfruto y estoy muy orgulloso del niño de diez años que fui, de que haya podido dejar semejante huella», compartió.

A diferencia de muchas estrellas infantiles que terminaron consumidas por la fama, Cohen salió ileso de Hollywood. Su talento cómico natural se transformó en agudeza profesional, y hoy ayuda a otros artistas a conseguir grandes acuerdos mientras conserva el legado eterno de Los Goonies. Por cualquier parámetro que se lo mida, esa es la definición del éxito.