Durante décadas se repitió que 120/80 mmHg era la presión arterial “ideal” para todos. Sin embargo, en personas mayores de 65 años esa referencia puede resultar engañosa e incluso riesgosa.
A partir de lo explicado por Thomas Weber, este artículo aclara por qué el valor clásico no siempre es el más adecuado en la vejez y cuál es el rango que ofrece mejores resultados.
Por qué el “120/80” no siempre es ideal después de los 65
Con el paso de los años, las arterias pierden elasticidad. En lugar de comportarse como conductos flexibles, se vuelven más rígidas, algo comparable a tuberías antiguas. Esta rigidez cambia la forma en que la sangre circula y cómo llega a órganos vitales.
En adultos mayores, cerebro y riñones necesitan una presión de perfusión ligeramente más alta para recibir suficiente flujo sanguíneo. Si la presión se reduce en exceso intentando alcanzar 120/80, puede no llegar sangre suficiente a estos órganos.
Los riesgos de una presión demasiado baja en la vejez
Mantener cifras muy bajas en personas mayores puede provocar efectos adversos relevantes:
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Mareos y sensación de inestabilidad
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Caídas, con mayor riesgo de fracturas de cadera
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Desmayos al ponerse de pie
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Deterioro cognitivo por menor irrigación cerebral
Estos problemas no son raros y explican por qué muchos especialistas hoy priorizan la seguridad y la funcionalidad por encima de un número “perfecto” de manual.
Qué rango muestra el mejor pronóstico según la evidencia
Un gran estudio publicado en JAMA Internal Medicine analizó resultados en adultos mayores y encontró algo clave:
Las personas mayores con presión arterial entre 130 y 145 mmHg (sistólica) presentaron mejor pronóstico general que quienes mantenían cifras más bajas.
Esto no significa que valores más altos sean deseables para todos, sino que forzar presiones demasiado bajas en la vejez no siempre aporta beneficios y puede aumentar riesgos.
Por qué existe tanta confusión sobre la presión ideal
La confusión surge porque:
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Las guías generales suelen pensarse para adultos de todas las edades.
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Muchos mensajes de salud no diferencian entre personas jóvenes y mayores.
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Se asume que “más bajo siempre es mejor”, cuando en la vejez el contexto cambia.
Cada persona mayor tiene una historia clínica distinta, y la presión óptima debe evaluarse de forma individualizada.
El test de Schellong: una herramienta simple para hacer en casa
El Dr. Weber recomienda una prueba sencilla para detectar caídas peligrosas de presión al ponerse de pie, conocida como test de Schellong:
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Medir la presión acostado, después de 5 minutos de reposo.
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Ponerse de pie.
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Volver a medir la presión al minuto y a los 3 minutos.
Si la presión cae bruscamente o aparecen mareos, puede tratarse de hipotensión ortostática, una condición frecuente en adultos mayores que requiere evaluación médica.
Una mirada más realista sobre la presión arterial en la vejez
En personas mayores, no se trata de perseguir un número perfecto, sino de mantener una presión que:
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Garantice buen riego cerebral y renal
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Reduzca el riesgo de caídas
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Preserve la autonomía y la calidad de vida
Por eso, hoy se considera que un rango moderadamente más alto puede ser más seguro y beneficioso que el clásico 120/80 en muchos adultos mayores.
Importante: Esta información es orientativa y no reemplaza la consulta médica. Cualquier ajuste de medicación o de objetivos de presión debe hacerse siempre con un profesional de la salud.