El césped que cortamos cada semana suele terminar en la basura o amontonado en un rincón del jardín. Sin embargo, esos restos vegetales son una fuente concentrada de nutrientes que, con el tratamiento adecuado, pueden convertirse en un fertilizante líquido de excelente calidad para huertas, plantas ornamentales y árboles frutales. Lo mejor es que el proceso lleva apenas siete días, no requiere insumos costosos y produce mucho menos olor que el compostaje tradicional o los biofertilizantes anaeróbicos.
Por qué el pasto cortado es un excelente fertilizante
Las hojas frescas de césped contienen una proporción importante de nitrógeno, además de potasio, calcio, magnesio y diversos micronutrientes. El nitrógeno es esencial para el desarrollo del follaje y la actividad fotosintética, mientras que el potasio favorece la floración, el cuajado de frutos y la resistencia ante enfermedades.
A diferencia del estiércol animal, que requiere un periodo de curado para evitar quemar las raíces y puede transmitir patógenos, el pasto fermentado en agua libera sus nutrientes en forma soluble y rápidamente asimilable. Esto significa que las plantas pueden aprovecharlo casi de inmediato tras la aplicación.
Materiales necesarios
- Pasto recién cortado, preferentemente sin semillas ni tratamientos con herbicidas.
- Un balde o recipiente plástico con tapa, de al menos 10 litros.
- Agua sin cloro (puede ser de lluvia o agua de canilla reposada por 24 horas).
- Una vara de madera o plástico para revolver.
- Un colador o tela fina para filtrar al final del proceso.
Preparación paso a paso
Día 1: armado de la mezcla
Llená el recipiente hasta dos tercios de su capacidad con pasto recién cortado. Es importante que esté fresco, ya que el material verde aporta más nitrógeno que el seco. Luego, completá con agua hasta cubrir totalmente el pasto, dejando unos centímetros libres en la parte superior para permitir la liberación de gases.
Días 2 a 6: fermentación controlada
Tapá el recipiente, pero no de manera hermética: el aire debe poder circular para favorecer una fermentación aeróbica, que es la responsable de reducir los malos olores. Revolvé la mezcla una o dos veces al día con la vara, durante aproximadamente un minuto. Este movimiento oxigena el líquido y acelera la descomposición.
Durante estos días notarás que el agua adquiere un color verdoso intenso, luego marrón, y que se forman pequeñas burbujas. Es una señal de que la materia orgánica se está descomponiendo correctamente y los nutrientes están pasando al agua.
Día 7: filtrado y almacenamiento
Al séptimo día, el fertilizante está listo. Colá el líquido para separar los restos sólidos, que podés incorporar al compost o usar como cobertura sobre el suelo. El líquido obtenido se guarda en botellas o bidones cerrados, en un lugar fresco y oscuro. Se recomienda usarlo dentro de las dos a tres semanas siguientes para aprovechar al máximo su contenido nutricional.
Cómo aplicar el fertilizante
El producto resultante es concentrado, por lo que conviene diluirlo antes de aplicarlo sobre las plantas. La proporción recomendada es:
- Una parte de fertilizante por diez partes de agua para riego al suelo.
- Una parte por veinte partes de agua para aplicación foliar con pulverizador.
Se sugiere aplicarlo cada quince días durante la etapa de crecimiento activo de las plantas. En cultivos de hoja como lechuga, espinaca y acelga, los resultados suelen notarse en pocos días: el follaje gana intensidad de color y mayor vigor. En frutales y plantas con flores, contribuye a una floración más abundante.
Recomendaciones y cuidados
- No utilices pasto proveniente de superficies tratadas con herbicidas o pesticidas, ya que los residuos pueden afectar a las plantas.
- Evitá usarlo puro: la alta concentración de nitrógeno podría quemar las raíces de plantas jóvenes o sensibles.
- Si el líquido despide un olor muy desagradable, es señal de que el proceso se volvió anaeróbico. Revolvé con más frecuencia y procurá no tapar herméticamente.
- Aplicalo preferentemente en horas de menor radiación solar, ya sea temprano por la mañana o al atardecer.
Una alternativa sustentable para el jardín
Aprovechar el pasto cortado para fabricar fertilizante líquido es una práctica que combina economía doméstica, reducción de residuos y mejora en la salud de las plantas. Permite cerrar el ciclo de nutrientes dentro del propio jardín, disminuye la dependencia de productos químicos comerciales y aporta materia orgánica al suelo de manera sostenida.
Con un procedimiento sencillo y materiales que ya están disponibles en casa, es posible obtener en solo una semana un insumo de calidad para mantener huertas y jardines productivos durante toda la temporada de cultivo.