Imagina abrir un congelador que trabaja a una temperatura de 70 grados bajo cero y descubrir algo completamente inesperado.
En lugar de encontrar solamente hielo o escarcha, aparecen unas estructuras delgadas, blancas y alargadas, semejantes a cabellos, hilos de algodón o pequeñas fibras de cristal.
Algunas parecen crecer desde una superficie metálica. Otras forman grupos de filamentos que se entrelazan y crean figuras sorprendentes.
A primera vista, podrían confundirse con fibras de plástico, restos de algún material aislante o incluso con una extraña forma de vida.
Sin embargo, existe una explicación física para este tipo de estructuras.
En determinadas condiciones, el vapor de agua puede transformarse directamente en hielo y formar cristales alargados que parecen auténticos hilos.
Y aunque en algunas publicaciones se utiliza la sigla ISLT para describir este fenómeno, es importante aclarar que no se trata de un término científico universalmente establecido.
¿Cómo pueden aparecer hebras dentro de un congelador?
La explicación comienza con algo que está presente incluso cuando no podemos verlo: la humedad del aire.
Cada vez que se abre la puerta de un congelador, puede ingresar aire del ambiente.
Ese aire contiene vapor de agua.
Cuando entra en contacto con superficies extremadamente frías, el vapor puede depositarse directamente como hielo, sin pasar primero por una fase de agua líquida.
Este proceso se conoce como deposición, también llamada sublimación inversa.
Es uno de los mecanismos responsables de la formación de escarcha.
Sin embargo, el hielo no siempre crece como una capa uniforme.
Dependiendo de las condiciones de temperatura, humedad, circulación del aire y características de la superficie, pueden desarrollarse cristales con formas muy diferentes.
Algunos crecen como placas.
Otros forman agujas.
Y ciertos depósitos pueden adquirir una apariencia filamentosa.
Por eso, una acumulación de hielo puede recordar a pequeños cabellos blancos.
¿Por qué la temperatura de −70 °C es tan importante?
Un congelador doméstico suele trabajar alrededor de −18 °C.
En cambio, los congeladores de temperatura ultrabaja utilizados en laboratorios pueden alcanzar valores cercanos a −70 °C u −80 °C.
Estos equipos se emplean para conservar muestras biológicas, reactivos y otros materiales que requieren condiciones de almacenamiento especiales.
A temperaturas tan bajas, la diferencia entre el aire exterior y las superficies internas es enorme.
Cuando ingresa aire húmedo, el vapor de agua puede depositarse rápidamente sobre las zonas más frías.
Esto favorece la aparición de escarcha y otros depósitos de hielo.
Sin embargo, hay un detalle fundamental: el frío extremo por sí solo no determina que se formen hebras.
También influyen la disponibilidad de vapor de agua, los puntos donde comienza la cristalización y las condiciones locales del congelador.
¿Las hebras crecen como si fueran cabello?
La comparación resulta llamativa, pero no significa que exista un proceso biológico.
Los cristales de hielo pueden crecer de manera desigual.
En ciertas condiciones, algunas regiones de un cristal avanzan más rápido que otras.
Esto puede dar lugar a formas alargadas, ramificadas o parecidas a agujas.
Cuando muchas estructuras finas se acumulan en una misma zona, el conjunto puede parecer una madeja de cabello.
También puede ocurrir que la escarcha se forme sobre fibras preexistentes, como pelusas o materiales aislantes, haciendo que parezcan filamentos de hielo.
Por eso es importante distinguir entre una estructura formada enteramente por cristales y una fibra de otro material que simplemente quedó recubierta de escarcha.
La apariencia por sí sola no siempre permite determinar su composición.