“Toma las llaves del departamento, no vuelvas a casa y no le digas a tu esposo dónde vives”, le dijo una anciana… y lo que pasó después fue inesperado.

“Toma las llaves del departamento, no vuelvas a casa y no le digas a tu esposo dónde vives”, le dijo una anciana… y lo que pasó después fue inesperado.

Aquella mañana, Verónica despertó sobresaltada. Durante unos segundos no entendió qué estaba pasando, hasta que vio a su esposo, Roberto, agitarse en la cama como si estuviera peleando con alguien invisible. Movía los brazos con desesperación, pataleaba y murmuraba palabras…