Abres el cajón de tu abuela y encuentras, entre hilos, dedales y botones sueltos, una pieza pequeña de metal con un gancho curvo en la punta y un mango de madera, hueso o nácar. Parece una herramienta de manualidades o un trozo de chatarra. Pero se trata de un objeto que, hace un siglo, era casi imprescindible: el abotonador.
¿Qué es un abotonador?
Es un gancho pequeño, también llamado «gancho para botones» o button hook en inglés. Estaba formado por una varilla delgada con un gancho en la punta y un mango para sostenerlo con comodidad. Se fabricaba en acero, plata, latón y, en ejemplares más elegantes, con mango de hueso, nácar o madera tallada.
¿Para qué se usaba?
A fines del siglo XIX y principios del XX, el calzado de mujer, sobre todo los botines altos, se cerraba con una hilera de entre diez y veinte botones diminutos. Lo mismo ocurría con los guantes largos y con algunas prendas de vestir. Abrocharlos con los dedos era lento y muy incómodo.
El abotonador resolvía el problema:
- Se pasaba el gancho por el ojal.
- Se enganchaba el botón desde adentro.
- Se tiraba hacia atrás hasta que el botón atravesaba el ojal.
Repitiendo el gesto en cada botón, se podía cerrar un botín en pocos minutos. Cada casa tenía el suyo, y muchos eran regalos habituales de bodas y cumpleaños, a veces con iniciales grabadas.
¿Por qué cayó en desuso?
Con el tiempo, el calzado pasó a cerrarse con cordones, hebillas, cierres y velcro, y la ropa incorporó otros sistemas. El abotonador dejó de ser necesario y fue quedando olvidado en cajones de costura y baúles.
¿Tiene algún valor?
Los abotonadores antiguos son objetos de colección. Su valor depende del material, el estado y la época: los comunes valen poco, pero los de plata o con mangos trabajados pueden interesar a coleccionistas y anticuarios. Antes de venderlo, conviene consultar a un especialista.
¿Aún se puede usar?
Sí. Todavía resulta útil para abrochar botones pequeños, puños de camisa o prendas delicadas, especialmente si tienes artritis o poca movilidad en las manos. Si lo vas a usar, límpialo con un paño suave para quitar la oxidación y revisa que la punta no esté afilada.
Una pequeña historia en tus manos
Más que un simple utensilio, el abotonador cuenta una época en la que vestirse era un ritual que llevaba tiempo y paciencia. Si encontraste uno en el cajón de tu abuela, guárdalo con cariño: es un trocito de historia familiar. ¿Tú tienes algún objeto antiguo cuyo uso no conocías?