Médico advierte: 5 pastillas comunes que pueden dañar tus riñones y elevar la presión después de los 60

Imagina el botiquín de cualquier casa: el analgésico para el dolor de rodilla, la pastilla para la acidez, el antiácido de después de la cena y, quizá, un suplemento «natural» que alguien recomendó. Son productos tan comunes que casi nadie se detiene a pensar en ellos. Sin embargo, con los años los riñones filtran menos sangre que antes, y lo que a los 30 pasaba inadvertido, después de los 60 puede marcar una diferencia importante.

Antes de seguir, una aclaración fundamental: este artículo no te pide que abandones ningún tratamiento ni que dejes de tomar lo que te indicó tu médico. Su objetivo es que sepas qué preguntar y a qué señales prestar atención.

Por qué los riñones se vuelven más sensibles con la edad

Con el paso del tiempo, la capacidad de filtrado de los riñones disminuye de forma natural. Si a eso se suman la hipertensión, la diabetes, beber poca agua o tomar varios medicamentos a la vez, el margen de seguridad se estrecha. Además, los riñones dependen de un buen flujo de sangre, y varios fármacos de uso cotidiano lo reducen o los obligan a trabajar de más.

1. Los antiinflamatorios de uso diario (AINE)

Ibuprofeno, naproxeno, diclofenaco y otros de la misma familia alivian el dolor y la inflamación, pero también bloquean unas sustancias, las prostaglandinas, que ayudan a mantener la circulación dentro del riñón. En una persona mayor, deshidratada o que ya toma diuréticos o medicamentos para la presión, el resultado puede ser una caída de la función renal.

Además, pueden hacer que el cuerpo retenga sal y agua, lo que se nota en tobillos hinchados y en una presión arterial más alta. Qué hacer: no los uses todos los días sin indicación médica, tómalos con comida y con suficiente líquido, y pregunta por alternativas, como el paracetamol en la dosis indicada, los geles de uso local o la kinesiología.

2. Los protectores gástricos tomados durante años

El omeprazol, el esomeprazol, el pantoprazol y otros medicamentos similares son muy útiles cuando hay úlcera, reflujo importante o se toman remedios que irritan el estómago. El problema aparece cuando se toman durante años «por costumbre». Varios estudios los han asociado con mayor riesgo de enfermedad renal crónica y con niveles bajos de magnesio y de vitamina B12.

No los suspendas de golpe, porque la acidez puede volver con más fuerza. Lo razonable es preguntarle a tu médico si todavía los necesitas y en qué dosis.

3. Antiácidos y laxantes con magnesio, aluminio o fosfato

Cuando los riñones filtran menos, el magnesio y el aluminio pueden acumularse en el organismo. Y algunos preparados con fosfato de sodio, usados para limpiar el intestino, se han relacionado con daño renal agudo. Si tienes enfermedad renal conocida, o no sabes cómo están tus riñones, lee la composición y consulta al farmacéutico antes de usarlos con frecuencia.

Si la acidez o el estreñimiento son un problema habitual, vale la pena averiguar la causa en lugar de tapar el síntoma una y otra vez.

4. Los corticoides orales por tiempo prolongado

La prednisona y otros corticoides son valiosísimos en el asma, la artritis y muchas otras enfermedades. Pero tomados durante semanas o meses pueden hacer que el cuerpo retenga líquidos, subir la presión y la glucosa y debilitar los huesos. Todo eso exige más esfuerzo al corazón y a los riñones.

Nunca los suspendas de golpe sin indicación: el organismo necesita una reducción gradual.

5. Los productos «naturales» y los suplementos en exceso

Que algo sea natural no significa que sea inofensivo. Algunas hierbas se han vinculado con daño renal (el caso más conocido son las plantas con ácido aristolóquico, prohibidas en varios países), y las dosis altas de vitamina C, calcio o vitamina D también pueden perjudicar a quien ya tiene los riñones debilitados.

Si quieres tomar un suplemento, cuéntaselo a tu médico y respeta siempre la dosis de la etiqueta.

Señales de alerta

Consulta sin demorar si notas hinchazón en pies, tobillos o párpados, si orinas mucho menos de lo habitual, si la orina se ve espumosa u oscura, si sientes un cansancio fuera de lo normal, náuseas o falta de apetito sin causa, o si tu presión sube de forma inesperada.

Cómo cuidar tus riñones sin complicarte

  • Lleva una lista actualizada de todo lo que tomas, incluidos los productos de venta libre, a cada consulta.
  • Si tienes hipertensión o diabetes, pide un análisis de creatinina y de orina al menos una vez al año.
  • Bebe líquido de forma regular, salvo que tu médico te haya indicado restringirlo.
  • Controla tu presión y tu glucosa con la frecuencia que te indiquen.
  • Ante cualquier duda sobre un medicamento, pregúntale al farmacéutico o a tu médico antes de tomarlo.

Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta con un profesional de la salud.