En más de una casa construida durante los años 80 aparece el mismo detalle que suele desconcertar a quien la compra o la hereda: una bañera chica, ubicada justo al lado de la bañera principal, sin grifo propio ni desagüe visible. No es un error de plomería ni una obra sin terminar: es un elemento decorativo típico de esa época, y la tendencia que lo inspiró está volviendo a ganar terreno.
Una combinación pensada para lucir plantas
La idea detrás de esta bañera secundaria es puramente estética: aprovechar ese espacio elevado para ubicar plantas, generalmente artificiales, y convertir el baño en una especie de jardín interior. La altura extra que ofrece esa segunda bañera es justo lo que se necesita para que el follaje artificial se luzca bien, sin necesidad de sol, agua ni cuidados de ningún tipo.
Este estilo combina la estética retro tan característica de los años 80 con una solución práctica para quienes quieren sumar verde a un ambiente húmedo como el baño, donde muchas plantas reales no sobreviven por la falta de luz o el exceso de humedad.
Por qué las plantas artificiales ganaron terreno
Las plantas artificiales de buena calidad avanzaron mucho en los últimos años, tanto en textura como en variedad de colores, lo que permite jugar con distintas combinaciones sin preocuparse por el mantenimiento. En un ambiente como el baño, con cambios constantes de humedad y poca luz natural, son además mucho más resistentes que una planta real.
El resultado es un rincón verde que se mantiene igual todo el año, sin gastar tiempo ni dinero en su cuidado, algo que combina bien con el ritmo de vida actual, donde no siempre sobra tiempo para atender plantas naturales.
Una tendencia que aprovecha el espacio
En las casas de los años 80, donde el espacio en el baño suele ser más ajustado que en las construcciones actuales, esta combinación de bañera grande y bañera chica es también una forma de aprovechar mejor los metros disponibles, transformando un rincón que de otra forma quedaría vacío en un punto visualmente interesante.
Así que si en una casa antigua aparece esta bañera chica sin uso aparente, la explicación más probable no tiene nada que ver con un error de diseño: es un guiño directo a la estética ochentosa, pensado para lucir plantas y sumarle un toque de color y textura al baño, sin exigir ningún mantenimiento.